No es tan importante aun,
a veces miras al cielo y a sus nubes buscando calma,
palpando con la mente una tranquilidad natural extrañada,
una tranquilidad perdida con la madurez y la presión del mejorar.
A veces no es tan importante mejorar,
sino el saber donde esta uno,
con quién y para que lo está,
y si será bueno.
Nos pasamos la vida luchando,
siendo los mejores en algo
hasta que llega el día en que nuestro cuerpo no resiste más,
y somos superados.
¿Para qué tanto esfuerzo,
tanto tiempo mal gastado en nosotros,
en conocer algo incomprensible por ser mejores?
Y no disfrutarlo.
Lo más sensato,
lo realmente inteligente es,
ser feliz y saber contemplar.
Ser capaz de vivir bien con los tuyos,
de quererlos y comprendedlos,
de darlo todo por ellos,
y que con un grato recuerdo, todo haya merecido la pena.
Si descubrimos algo,
será bueno,
pero luchar y no vivir por descubrirlo,
será el mayor error que cometamos.
Pues lo mas bello por descubrir es la vida misma,
y si no la vivimos gratamente,
jamás podremos decir,
que ha merecido la pena.
a veces miras al cielo y a sus nubes buscando calma,
palpando con la mente una tranquilidad natural extrañada,
una tranquilidad perdida con la madurez y la presión del mejorar.
A veces no es tan importante mejorar,
sino el saber donde esta uno,
con quién y para que lo está,
y si será bueno.
Nos pasamos la vida luchando,
siendo los mejores en algo
hasta que llega el día en que nuestro cuerpo no resiste más,
y somos superados.
¿Para qué tanto esfuerzo,
tanto tiempo mal gastado en nosotros,
en conocer algo incomprensible por ser mejores?
Y no disfrutarlo.
Lo más sensato,
lo realmente inteligente es,
ser feliz y saber contemplar.
Ser capaz de vivir bien con los tuyos,
de quererlos y comprendedlos,
de darlo todo por ellos,
y que con un grato recuerdo, todo haya merecido la pena.
Si descubrimos algo,
será bueno,
pero luchar y no vivir por descubrirlo,
será el mayor error que cometamos.
Pues lo mas bello por descubrir es la vida misma,
y si no la vivimos gratamente,
jamás podremos decir,
que ha merecido la pena.
Juan de Dios Yáñez Ávila
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